El presente artículo busca analizar los nuevos escenarios políticos que se vienen dando en la región a través de los ciclos electorales 2025-2026. Los países latinoamericanos, con actores políticos de enfoque menos ideológico y más pragmático, buscan sacar adelante la situación que generaron “gobiernos con alta carga ideológica”, lo cual condujo a visiones políticas cuyo eje principal era cambiar los pactos sociales e instalar asambleas constituyentes para llevar adelante reformas estructurales anacrónicas y, en muchos casos, para fortalecer regímenes capaces de perpetuarse en el poder. Este giro no responde a eventos aislados ni circunstanciales: es la consecuencia de un profundo agotamiento del ciudadano que viene acumulando durante más de una década de gestiones que priorizaron la transformación del Estado progresista por encima de las necesidades concretas y urgentes de la población latinoamericana.
Hoy, tras los ciclos electorales de 2025 y casi la culminación del de 2026, la región se ha vestido de azul, lo cual ha generado nuevas expectativas no solo en los ciudadanos, sino también en los inversionistas de otras latitudes. Parte del patrón de los gobiernos salientes fue el proteccionismo y el alineamiento hacia las potencias del Sur Global (China e India, entre otros); hoy ese alineamiento se está reconfigurando en los nuevos gobiernos, con una tendencia hacia Estados Unidos como principal socio comercial. Por ello, resulta relevante el análisis de todos estos acontecimientos que se han venido dando en los últimos meses.
La nueva “marea azul”: un mapa electoral en transformación
El ciclo electoral empezó en febrero de 2025 en Ecuador, donde Novoa fue ratificado como presidente del país norteño. El país atravesaba una grave crisis de inseguridad ciudadana y otros conflictos complejos que hasta ahora Novoa no ha podido controlar. Entre los factores que explican esta situación están la polarización y el fraccionamiento de la representación política, sumados a la violencia de un primer y corto mandato marcado por la muerte cruzada — figura constitucional promulgada por su antecesor, el presidente Lasso, debido a los conflictos sociales del momento y la profunda polarización del país, que derivó en un alto nivel de violencia y en el asesinato de uno de los candidatos a esas elecciones complementarias.
Posteriormente, en agosto del mismo año, Rodrigo Paz ganó las elecciones a pesar de encontrar un país como Bolivia estructuralmente debilitado, debido a largos periodos de socialismo, lo cual ha generado hasta el día de hoy serios conflictos sociales que afectan a muchos bolivianos, ya que el MAS, partido fundado por Evo Morales, ha copado y debilitado sistemáticamente las instituciones del Estado boliviano.
Bolivia vivió durante muchos años en una “burbuja” con el denominado socialismo del siglo XXI, el cual también permitió que el país se mantuviera bajo el orden de las economías ilegales, además de politizar la justicia mediante elecciones para elegir jueces. Una serie de hechos desgastaron profundamente estos gobiernos de izquierda y ahora con Rodrigo Paz se presenta un gobierno más pragmático, definitivamente alineado a Estados Unidos.
El gobierno actual de Paz, definido como centro derecha, se sigue desarrollando en medio de una profunda crisis en uno de los países con más intentos de golpe de Estado desde 1950 y que ha registrado nada menos que 23 casos según Powell y Clayton Thyne, por lo que Bolivia siempre ha tenido un Estado históricamente vulnerable a estas disrupciones.
No obstante, esta vulnerabilidad se incrementó notablemente en los últimos años con el MAS: Evo Morales y posteriormente Luis Arce pasaron de la bonanza en los primeros tiempos del gobierno de Morales al colapso total, generando mayores polarizaciones en la población y mayor fragmentación política.
El MAS ha dejado a Bolivia sin reservas y obligó a importar hidrocarburos, además de fracturar profundamente a la sociedad boliviana. El predominio de las economías ilegales agrava un momento ya difícil para el país altiplánico que, si bien según su historia republicana los ciclos se repiten, este sería un gobierno más, ya que las condiciones actuales del país no permiten que el gobierno de Paz logre la legitimidad necesaria para llevar a cabo las reformas que tanto se necesitan. Estas irían en la dirección del modelo que Perú implementó a finales del siglo XX con Fujimori. Sin embargo, con una institucionalidad tan limitada y precaria, es complejo implementar un «capitalismo para todos» que permita a los bolivianos generar sus propios ingresos a través del autoempleo. Como ocurre en muchas partes de la región, apostar por acceso a créditos para pequeños empresarios y privatizar empresas públicas es una “receta que funciona”.
En noviembre de 2025, Chile, uno de los países con mayor institucionalidad de la región, celebró elecciones donde Kast se impuso a la izquierda liderada por Jeanette Jara del Partido Comunista de Chile. Fue un escenario complicado para ambos candidatos, con una izquierda desgastada que no logró convencer a la sociedad chilena.
En Chile, el crecimiento económico se ha desacelerado, la salud ha colapsado y, si bien ha disminuido la deserción escolar, ahora se suma la deserción de docentes, la desmunicipalización de escuelas y otros problemas que reflejan la crisis que atraviesa también el sistema educativo chileno.
Este estado de crisis ha generado un fraccionamiento en la sociedad chilena, además de condiciones propicias para la reconstrucción de la izquierda, que buscaría volver a gobernar en cuatro años.
El ciclo 2026: nuevos gobiernos, viejos desafíos
El 2026 inició el ciclo electoral con Costa Rica, donde se eligió a la presidenta conservadora Laura Fernández, quien ganó en primera vuelta a pesar de una polarización de menor intensidad que en elecciones anteriores. Fernández representa el continuismo de Rodrigo Chaves, mandatario anterior a ella.
El partido conservador, ahora con Fernández, tiene el reto de integrar más a Costa Rica, además de lograr crecer económicamente por encima del 5%, mejorar las tasas de crecimiento del empleo y reducir aún más la pobreza, que actualmente se encuentra en torno al 15%. La seguridad ciudadana, el crimen organizado, la competitividad, la calidad de la economía y una tasa demográfica en progresivo descenso son algunos de los problemas más urgentes que la nueva presidenta deberá enfrentar tras haber asumido el mandato en mayo de este 2026.
En Costa Rica, el nivel de violencia alcanzó cifras históricas en años recientes; en 2023 se registró el mayor número de casos de los últimos años, con 93 homicidios registrados. Hoy múltiples bandas criminales se disputan diversos territorios a lo largo del país, agravando aún más la ya compleja crisis de seguridad.
Posteriormente, Perú celebró sus elecciones el 7 de abril, en un proceso accidentado que llevó al balotaje a dos candidatos, uno de izquierda y otro de derecha. El resultado volvió a confirmar un patrón regional conocido: el fraccionamiento de la representación política y la polarización generaron también en Perú resultados muy ajustados. A estas dos características se suma el debilitamiento progresivo del discurso de la izquierda en la región.
Colombia, en el mes de mayo, tuvo unas elecciones también llenas de sorpresas, donde el candidato de la derecha pragmática colombiana, Eduardo de la Espriella, llegó a la segunda vuelta superando al Uribismo representado por Paloma Valencia.
Colombia ha estado profundamente dividida durante muchos años, como la gran mayoría de los países sudamericanos. Uno de los hechos más visibles ocurrió durante el gobierno de Duque en el 2021, cuando amplias movilizaciones sociales se desencadenaron a raíz de un polémico proyecto de reforma tributaria presentado por el ejecutivo. Esta propuesta generó una larga oleada de manifestaciones que llegaron al borde de los bloqueos, el vandalismo y las denuncias sobre el abuso del poder en ciudades como Bogotá y Medellín. Todo ello creó las condiciones históricas para que en las elecciones de 2022 ganara Gustavo Petro, quien había quedado segundo frente a Duque en los comicios de 2018.
Sin embargo, el gobierno de Petro se ha caracterizado desde entonces por su constante empeño en convocar una asamblea constituyente, algo que ha sido un patrón recurrente en distintos gobiernos de corte socialista en el mundo. En este último quinquenio, sin embargo, ninguno de ellos ha logrado convocar exitosamente a las fuerzas políticas y actores sociales de sus respectivos países, por lo que estas iniciativas de reconfiguración de los pactos sociales en la región están ampliamente desgastadas.
El desgaste del progresismo y la inflación de demandas ciudadanas
Todos estos nuevos gobiernos, con una tendencia de derecha y al conservadurismo, han logrado ganar con un discurso construido con base en el antiprogresismo: un progresismo que no ha dado los resultados esperados a los gobiernos que estuvieron al frente de los países de la región. Sin embargo, hay ciertos sectores de la sociedad civil que sí han generado un espacio para que el enfoque progresista pueda convivir con otras visiones políticas.
Estos años los mandatarios y sus propuestas de gobierno, en lugar de cerrar brechas en servicios básicos para la población, mejorar las condiciones de la salud o la infraestructura educativa para las nuevas generaciones, estos gobiernos dejaron pendientes el control territorial, agravaron la crisis de seguridad ciudadana, profundizaron el incremento de la informalidad e impusieron agendas de ideología de género en la educación de niños y adolescentes.
Por esta razón, existe una realidad polarizada identificada en varios países, salvo Costa Rica que, pese a todo, muestra una cierta tendencia a la fragmentación política.
Colisión entre modelos económicos y el estrés político regional
Los gobiernos de América Latina se encuentran hoy con una inflación de demandas, producto de la presión social y el aumento sostenido de exigencias ciudadanas. Conforme pasa el tiempo, los Estados no tienen capacidad para llevar a cabo las grandes reformas estructurales que se han quedado solo en la narrativa de la izquierda. Un caso concreto es el peruano: durante 20 años, la izquierda radical y la centroizquierda ganaron las elecciones con un discurso “antifujimorista” que, después de dos décadas, no produjo las reformas de segunda generación (calidad en los servicios educativos y de salud, por ejemplo) que se requerían tras el fenecido régimen. El foco estuvo únicamente en cambiar la constitución; sin embargo, esto nunca se dio, y lo único que se logró fue, a través del discurso racial y de la confrontación permanente, profundizar la polarización del Perú.
América Latina también vive una profunda incertidumbre económica, sobre todo por el contexto polarizado y porque en muchos países de la región existe un patrón sostenido de violencia e incapacidad estructural para superar la inseguridad ciudadana. Esto ha hecho que se estén repitiendo las olas migratorias, como en la época de las crisis violentas de Perú, Colombia y Bolivia, hacia lugares donde, más allá de lo duro que es empezar en un nuevo país, es primordial la búsqueda de protección que hoy define la condición del latinoamericano en tránsito.
El índice de “estrés político” está marcado por una insatisfacción general debido al incremento de la violencia en la región y a la falta de oportunidades, lo que genera mayores tasas de subempleo. Según la OIT, aproximadamente el 51,2% de los trabajadores latinoamericanos se encuentra en situación de empleo informal, lo cual representa la mitad de la población económicamente activa (PEA) de la región. Estas cifras son muy elevadas, y el descontento es notoriamente visible entre los ciudadanos.
En 2025, según cifras del Banco Mundial, la CEPAL y el FMI, Latinoamérica creció apenas entre el 2,2% y el 2,6%, como producto de la desaceleración económica de los últimos años, la falta de reajuste de los modelos vigentes y la ausencia de incentivos e inversión en el sector privado, agravada por los conflictos sociales que se han venido acumulando.
En general, son muchos los factores que explican el avance de esta nueva marea azul en la región. Sin embargo, gran parte de lo que ha logrado la derecha y el conservadurismo se debe a que el discurso de la izquierda y sus aliados progresistas se ha desgastado. Los ciudadanos no necesitan más promesas: necesitan acciones. Y esta derecha, como se ha visto en líderes como Novoa en Ecuador, Chaves en Costa Rica, Rodrigo Paz en Bolivia y Kast en Chile, ha empezado a construir soluciones concretas, más allá de lo ideológico, para los problemas que aquejan a Latinoamérica.
Reconfiguración geopolítica y las oportunidades de integración
Una de las principales discusiones en la actualidad es hacia dónde se alinean los latinoamericanos: hacia una orientación prooccidental, más pegados a Washington, o de pleno en la órbita de Pekín. Ese es, quizás, el debate central del momento.
Los presidentes elegidos en este ciclo electoral son además prooccidente, por lo que Estados Unidos va ganando la batalla. Sin embargo, ambos extremos pueden construir alianzas comerciales que generen intercambios provechosos para la región, sobre todo a través de puertos multimodales como el de Chancay en Perú y el de San Antonio en Chile, que podrían generar ventajas competitivas significativas. A ello se suma la posibilidad de incorporar industria tecnológica a través de países como Costa Rica.
Estos gobiernos que están empezando con un enfoque más pragmático que ideológico tienen la oportunidad de integrarse como un bloque fuerte en el ámbito comercial, que podría convertirse en el próximo epicentro de las relaciones mundiales. Para lograrlo, se debe mejorar las condiciones actuales y generar un ambiente de reglas claras para la inversión, seguridad jurídica para el sector privado y confianza institucional. Se debe entender que estos tres ejes han sido debilitados poco a poco por la izquierda latinoamericana y hoy se presenta la oportunidad de que la región pueda crecer por encima del 5%. Para eso, las políticas deben estar alineadas a una disciplina fiscal y es necesario desburocratizar los procesos administrativos para que el Estado esté más cerca de los ciudadanos y se pueda dinamizar el sector de las mipymes.
Conclusiones: ¿convicción o hartazgo?
Pero ya casi al final de estas líneas vale la pena repensar en una pregunta que fue planteada por un analista internacional en un medio de comunicación peruano: ¿Sudamérica gira a la derecha por convicción o por hartazgo? Lo más visible es que Sudamérica ya se cansó de que las propuestas políticas dependan de «coloniajes ideológicos», que lo único que han traído es pobreza, desempleo y mayor violencia.
Un punto importante que deben tomar en cuenta los nuevos gobiernos sudamericanos es que les corresponde poner las bases para acabar con la polarización a través de la reforma de los sistemas electorales en los países con mayor grado de fragmentación política: Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia. Estos son los que concentran con mayor intensidad la narrativa de fraude cuando se dan elecciones muy polarizadas. Se requiere, por tanto, una reforma electoral profunda que haga bajar la fiebre de la polarización política y devuelva legitimidad a los procesos democráticos. Sin esa reforma, los ciclos de desconfianza se repetirán independientemente de quién gobierne.
Hoy le toca a este nuevo frente, con ideas basadas en el orden, la estabilidad jurídica y la inversión privada para generar progreso, asumir una misión que no admite medias tintas: transformar el mapa político en resultados concretos para la ciudadanía. Es importante no perder la visión con la que empiezan sus gobiernos y sostenerla durante sus períodos de mandato, porque la historia reciente de la región demuestra que las promesas sin ejecución solo alimentan el ciclo del desencanto. La oportunidad existe y las condiciones están dadas, pero todo dependerá de lo que hagan los nuevos líderes de derecha a partir de sus coaliciones. Solo así se sabrá si la región puede salir de esta fragmentación y polarización que paraliza el desarrollo, sin ignorar que América Latina es endémica a este patrón y que el cambio, si llega, será gradual y no estará exento de contratiempos.






